La inteligencia artificial ofrece más ocio que felicidad

La tecnología reducirá las horas de trabajo, pero el tiempo libre no deseado puede ser pernicioso

Tratar de predecir cómo afectará a la sociedad una tecnología incipiente y prometedora es una arrogancia, pero la historia sugiere que la gente va a tener mucho tiempo libre si el desarrollo de la inteligencia artificial continúa a buen ritmo. Es más difícil predecir si eso les hará felices y cómo se repartirán el botín.

En los últimos 50 años, la tecnología ha tendido a crecer más rápido que la economía en general. De 2006 a 2016, la economía digital creció a una tasa media anual del 5,6%, según la Oficina de Análisis Económico de EE UU, es decir, casi cuatro veces más rápido que la producción general. Ese tipo de expansión parece extrañamente consistente. Los ingresos de las tecnológicas incluidas en la lista de Fortune de las 100 mayores empresas de EE UU han subido, ajustados a la inflación, a un ritmo similar durante cinco décadas.

La productividad de los empleados de EE UU ha crecido un 2% anual durante siete décadas. Aunque una mayor intensidad de capital y una mano de obra más cualificada contribuyen de forma estable, lo que más varía es la capacidad de desplegar con éxito la tecnología. Los sectores capaces de automatizar tareas y reducir el número de trabajadores, como el manufacturero, suelen registrar una mayor productividad, mientras que otros, como el educativo, pueden tener más dificultades. Este proceso también lleva tiempo. En 1987, el economista Robert Solow dijo, en una recordada cita, que los ordenadores se veían en todas partes menos en las estadísticas de productividad. Una década después, la productividad se disparó.

Uno de los efectos de esta mejora de la productividad ha sido en gran medida constante. Los trabajadores tienden a cambiar al menos parte de los beneficios de la automatización por más tiempo libre. Puede que el número de horas que trabajan los empleados de EE UU no haya descendido tan deprisa como en Francia, por ejemplo, pero ambos han bajado en las últimas cuatro décadas. Los estadounidenses han reducido sus horas trabajadas al año en 47 desde 1979, y los franceses en 274, según la OCDE.

Si miramos más atrás, la tendencia es la misma. El historiador Robert Fogel, galardonado con el Nobel, demostró que el tiempo que la gente dedicaba a dormir, desplazarse y comer no cambió entre 1880 y 2000. Sin embargo, las horas dedicadas a las tareas domésticas y a los trabajos por cuenta ajena cayeron una media de 3,8 horas al día, dejando más tiempo para el ocio.

La creación de máquinas capaces de imitar el pensamiento, o de pensar, podría desencadenar una dislocación económica a gran escala. Pero las economías desarrolladas han pasado por varios grandes cambios. Allá por 1800, tres cuartos de los trabajadores de EE UU se dedicaban a la agricultura. Ahora, las granjas emplean al 1%. Un cambio similar se produjo en las manufacturas, donde el porcentaje del empleo total no agrícola ha caído más de la mitad desde 1979. El ajuste puede ser desgarrador. La pérdida de empleos en el sector provocó décadas de sufrimiento en el Medio Oeste, ya que los trabajadores tardaban en encontrar, o en reciclarse, en puestos del sector servicios. Muchos trabajadores mayores nunca lo hicieron.

Una amenaza es que la disrupción de la IA es mayor y más rápida. Por ejemplo, alrededor del 70% de los estadounidenses trabajan en los servicios. Si la tecnología despide rápidamente a cajeros, profesores, camareros y médicos, podrían tener dificultades para encontrar otros empleos.

Una segunda amenaza es lo que harán los despedidos. En el pasado, los parados encontraban trabajo porque siempre había cosas que las personas podían hacer mejor, o más barato, que las máquinas. Claro que las nuevas tecnologías crearán nuevos empleos inimaginables para influir en las personas y cuidar de ellas. Pero si los sistemas de IA llegan a ser mucho más inteligentes que los humanos, puede que haya menos nichos que estos puedan cubrir.

En el lado positivo, estas tendencias probablemente liberarán mucho tiempo de trabajo. Eso no significa necesariamente que la gente sea feliz. La IA podría erosionar la satisfacción que siente la gente por el trabajo, o devaluar el tiempo de ocio porque la gente tendrá demasiado. El ocio involuntario, por desempleo o subempleo, será especialmente pernicioso.

Sin embargo, la sociedad en su conjunto debería de ser más rica. Una IA eficaz implica que la producción será más barata, los bienes y servicios probablemente se personalicen, se desarrollarán nuevas medicinas, etc. Repartir estos beneficios no será fácil, ya que los ganadores querrán quedarse con su botín. Los cambios económicos del pasado han provocado un aumento de la desigualdad económica.

Es probable que aquí entre en juego otra larga tendencia. Los Gobiernos se han ido haciendo cada vez más grandes y las redes de seguridad social cada vez más amplias, incluso en los libertarios EE UU, a medida que la economía pasaba de la agricultura a la industria y los servicios.

Es de esperar que una sociedad más rica quiera distribuir más, tanto por razones de equidad como de estabilidad social. Pero todo este ocio dejará a la gente mucho tiempo para discutir sobre cuál es el nivel óptimo.

Esta pieza fue publicada por Cinco Días

Consulta aquí el artículo original:

https://cincodias.elpais.com/opinion/2023-05-17/la-inteligencia-artificial-no-ofrece-tanta-felicidad-como-ocio.html